Ponemos nombre a las cosas y nos vestimos con su logo como si
éste solo hecho nos configurara parte de esa ideología…olvidamos la acción confirmativa.
Se confirma en los partidos políticos, donde la pertenencia a una denominada
fracción dista mucho de la acción de los componentes. Se habla mucho del nombre
del movimiento como si fuesen algo ajeno a aquellos que conllevan a su
existencia o crecimiento. Un claro ejemplo es la extrema derecha y su
crecimiento. Se habla mucho y mal de éste suceso pero poco de aquellos que
apoyan desde el anonimato, pero la realidad es que conviven con el resto y la
mayoría de las veces, a sabiendas que moralmente es inconcebible, ocultan sus
pensares públicamente.
Igual sucede con la IA, que desde el contexto “Humanidad” no
tiene cabida, pero desde la concepción cerebral constituye el cenit del camino.
Somos una sociedad evolucionada dentro de la rentabilidad económica y la
evolución cerebral, esos son los pilares de nuestra realidad. Ambas ajenas a
los valores hasta ahora manejados como la base de nuestra sociedad, moral,
ética y justicia. Éste cambio avanza mucho más rápidamente en lo practico que
en lo teórico, es decir, implementándose al máximo la IA (que todo el mundo la
utiliza pero pocos lo admiten), aún no se ha comprendido de qué se trata.
Situación que se inició con la revolución industrial, en la que decenios
después se empezó a entender los alcances de la misma, y en un principio era solamente
la maximización de la rentabilidad. Cuando se descubre ganancia material o
inminente, no se valoran las consecuencias tanto en el medio social como el
natural, prima la rentabilidad y el enriquecimiento. Pero la directriz ha sido
siempre clara, aunque subliminal, el camino ha sido desde la sustitución del
esfuerzo físico por el mecánico a la sustitución de la actividad cerebral…
empieza por colonización primero y pasa luego a la sustitución total.
EL camino que pareciera iniciarse ya está en marcha y de
forma inconsciente e irresponsable. Tal vez, lo que llegué a pensar en un momento
y desestimé por inverosímil, haya sido la verdad. El cerebro humano es un virus dentro de un
animal. Ese virus está ganando la batalla al animal quién será sustituido por
lo sintético más rápido de lo que puede imaginar.
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