Abro
la puerta de mi frigorífico y hay trozos de cadáveres de animales listos para
comer, vegetales de todo tipo y frutas de lugares lejanos. También en la
alacena los tengo en bolsas y latas. Esto es posible, gracias a que tenemos
millones de campos de concentración en donde hacinamos animales, los
sobrealimentamos y los matamos para trocearlos y repartirlos para ser comidos.
Hemos quitado la cualidad de seres vivos a los vegetales, tal vez porque no
gritan, para poder reducir ese aspecto devorador que nos caracteriza y poder esclavizarlos
de igual manera. Con la vida acuática
hemos hecho más de lo mismo y hasta los insectos son parte de nuestra esencia
exterminadora. Podríamos pensar que es necesario para la existencia humana,
pero dicho pensamiento queda descartado cuando sabemos que el 10% de la
población mundial sufrió hambre extrema, un 30% con mala alimentación y un 14%
con problemas de alimentación. Lo que se traduce que toda está devastación de
vida tiene como real objetivo el enriquecimiento de algunas franjas sociales.
Si a esto agregamos el desperdicio, que es el 17% de la producción total de alimentos que se pierde en
la cadena de suministro o se tira a la basura, lo que equivale a casi 1.000
millones de comidas diarias, cuya distribución
es del 60% en los hogares, el 28%
corresponde a servicios alimentarios (restaurantes/comedores) y el 12% al
comercio minorista... está claro que la conciencia social no prima en la
sociedad actual, podemos decir que más bien es una ignorancia severa colectiva
lo que nos conforma. Somos los mimso que nos llenamos de ONG para paliar el
hambre en el Mundo, que nos hacemos selfies dando de comer a niños desnutridos
o damos limosna de lo que nos sobra.
Será tal vez porque vivimos permanentemente
drogados? Iniciamos el día con un café o té, seguimos con relajantes,
ansiolíticos, bebidas energéticas funcionales con cafeína y taurina, seguimos
con el cigarrillo, el alcohol en todas sus formas y completamos con cocaína, marihuana,
anfetaminas, etc., para coronar con pastillas para dormir. Eso si, vivimos en
permanente estado de alerta de nuestro peso, aspecto e imagen.
Veamos, no creo que seamos ejemplo de
vida para ninguna raza inteligente.