jueves, 5 de febrero de 2026

Abro la puerta

 

Abro la puerta de mi frigorífico y hay trozos de cadáveres de animales listos para comer, vegetales de todo tipo y frutas de lugares lejanos. También en la alacena los tengo en bolsas y latas. Esto es posible, gracias a que tenemos millones de campos de concentración en donde hacinamos animales, los sobrealimentamos y los matamos para trocearlos y repartirlos para ser comidos. Hemos quitado la cualidad de seres vivos a los vegetales, tal vez porque no gritan, para poder reducir ese aspecto devorador que nos caracteriza y poder esclavizarlos de igual manera.  Con la vida acuática hemos hecho más de lo mismo y hasta los insectos son parte de nuestra esencia exterminadora. Podríamos pensar que es necesario para la existencia humana, pero dicho pensamiento queda descartado cuando sabemos que el 10% de la población mundial sufrió hambre extrema, un 30% con mala alimentación y un 14% con problemas de alimentación. Lo que se traduce que toda está devastación de vida tiene como real objetivo el enriquecimiento de algunas franjas sociales. Si a esto agregamos el desperdicio, que es el 17% de la producción total de alimentos que se pierde en la cadena de suministro o se tira a la basura, lo que equivale a casi 1.000 millones de comidas diarias, cuya distribución es del 60% en los hogares, el 28% corresponde a servicios alimentarios (restaurantes/comedores) y el 12% al comercio minorista... está claro que la conciencia social no prima en la sociedad actual, podemos decir que más bien es una ignorancia severa colectiva lo que nos conforma. Somos los mimso que nos llenamos de ONG para paliar el hambre en el Mundo, que nos hacemos selfies dando de comer a niños desnutridos o damos limosna de lo que nos sobra.

Será tal vez porque vivimos permanentemente drogados? Iniciamos el día con un café o té, seguimos con relajantes, ansiolíticos, bebidas energéticas funcionales con cafeína y taurina, seguimos con el cigarrillo, el alcohol en todas sus formas y completamos con cocaína, marihuana, anfetaminas, etc., para coronar con pastillas para dormir. Eso si, vivimos en permanente estado de alerta de nuestro peso, aspecto e imagen.

Veamos, no creo que seamos ejemplo de vida para ninguna raza inteligente.    

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